Mi mundo blog

Autorretratos

De nuevo gracias a Teatrera.

Tengo mi blog, hace ya tiempo, que es mi pequeño mundo, mi desahogo en ocasiones, mi rincón íntimo donde gracias al amparo de una máscara me atrevo a compartir mis pensamientos más íntimos, que no comparto con nadie.

A mi blog vienen a veces otros blogueros con sus comentarios. Algunos me hacen sonreír con su mera presencia, porque son gente a la que aprecio aunque no los conozca de verdad, porque ha pasado mucho tiempo y muchos posts, y realmente valoro sus opiniones. Viene también visitantes ocasionales, algunos desaparecen como llegaron y otros se van ganando poco a poco un hueco en mi corazón.

Luego están los blogs que yo visito. Siempre estoy a la caza y captura de nuevos blogs, normalmente a través de los enlaces de mis “más íntimos”.

Todos los blogs que sigo los he ido añadiendo a mi Google Reader, guardados en diferentes carpetas: los imprescindibles, los que me gustan mucho, los que me gustan, los que aún están “en fase de pruebas”. En realidad la mayoría de los blogs están en esta última carpeta, y son relativamente pocos los que van a parar a las otras tres, que son las que leo sin falta.

Y me pasa que a veces me quedo con ganas de leer. Busco entonces en “en fase de pruebas”, pero ninguno se gana el derecho a cambiar de carpeta. Más bien hay blogs que un día me fascinaron y luego me doy cuenta que lo que tanto me atrajo era solo un post y el día a día de ese blog es bastante distinto. No malo, simplemente a mí no me dice nada.

Por eso soy precavida y aunque ahora haya dos o tres blog que sigo con cierto entusiasmo, no los añado a mi lista de enlaces. Y me pregunto, al ver las largas listas de enlaces que tienen algunos en sus blogs, si les gustarán todos, si los leerán todos con las mismas ganas, si sus carpetas de “imprescindibles”, “me gustan mucho” y “me gustan” estarán más llenas que las mías.

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Podría contar mi vida uniendo casualidades

Autorretratos, Cuando Irene encontró a El Guapo

El otro día Hesisair hablaba de las casualidades que le han llevado a ser el que es hoy. Y me han dado ganas de copiarle. Lo que pasa es que citaba una película que a mí no me acaba de convencer, así que yo cito otra, si a él no le importa. El caso es que si uno se pone a analizar su vida, se da cuenta de que decisiones aparentemente triviales a veces son decisivas de cara a lo que ha de venir. ¿Sería mi vida igual si aquel día…?

Si no hubiese padecido insomnio a los 13 años, no me habría levantado aquella noche a las 2 de la madrugada y no hubiese quedado deslumbrada al encender la tele y ver mi primera película de Humphrey Bogart.

Si no hubiese empezado a salir con mi primer novio, no hubiese cejado en mi empeño de estudiar en Alcalá de Henares, y probablemente nunca hubiese ido a un curso de teatro en Almería.

Si yo no hubiese estado con alguien cuando conocí al Guapo, la química que siempre hubo entre nosotros nos hubiese llevado a una pasión de algunas semanas, nunca nos hubiésemos hecho amigos, nunca nos hubiésemos enamorado.

Si él no hubiese mencionado a Manuel Machado y a Humphrey Bogart en menos de 20 minutos, probablemente me habría acostado temprano en lugar de pasar toda la noche hablando con él, ni mantenido una larga amistad.

Si no me hubiese confundido de carretera aquel día de playa, el trayecto hubiese sido mucho más corto y no habríamos encontrado cerrados todos los restaurantes, teniendo que comer una pizza tardía en casa del Guapo, seguida por una infusión y nuestro primer beso.

Lo que no me atrevo a pensar es lo que habría pasado si no le hubiese preparado una tarta de arándanos aquella tarde de julio, meses más tarde. Justo antes de aprender lo más importante.

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Lágrimas

Autorretratos, Cuando Irene encontró a El Guapo

lágrimas

Mi vida es una alternancia de risas y lágrimas. Y, sobre todo las lágrimas, no las entiendo del todo.

Soy bastante llorona, para qué ocultarlo. Si estoy nerviosa o agobiada, si tengo miedo o si me siento pletórica de alegría, mi forma de exteriorizar la emoción son las lágrimas.

Pero hay veces que ni yo entiendo mis lágrimas.

El domingo acompañé al Guapo al aeropuerto. No era un viaje triste, o no debía serlo: este fin de semana seré yo misma la que vaya al aeropuerto, para reencontrarme con él. Y sin embargo, lloré desconsoladamente, sin poder evitarlo. Le di mil besos de despedida, como si no fuera a verle en un año.

El Guapo se  ha acostumbrado a mis lágrimas y a mis churretes de rimmel ante la despedida, y ya no se siente tan incómodo. Pero una despedida de cinco días… hasta a mí me parece tonto echarme a llorar de esa manera. Él se ríe y me abraza. Y yo huelo su perfume, como si fuera la última vez.

A veces dudo si soy el ser más sensible del planeta o la reina del melodrama.

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Semana 48

Autorretratos, Cuando Irene encontró a El Guapo

El lunes cené con El Guapo tallarines al pesto. Vimos un rato la tele en el sofá tapados con mi manta favorita. Nos quedamos dormidos y nos fuimos a la cama.

El martes me desperté a las 5 y no pude seguir durmiendo. Me quedé trabajando en la cama una hora. El Guapo se sentó en la mesa a repasar una conferencia en el ordenador. Luego remoloneamos un rato en la cama, y me despedí de él, que se marchaba al aeropuerto. Pasé el resto del día sonriendo y tarareando Fly me to the moon.

Ayer me llamó El Guapo desde Valencia y me ha contó lo bien que le fue la conferencia. Me puse unos pantalones que hacía tiempo que no llevaba y todo el mundo me dijo que iba muy guapa. Aún sin dejar de sonreir.

Hoy voy a cocinar bastante, no me apetece hacerlo el fin de semana así que adelantaré el relleno para unos calamares en su tinta (y estoy pensando en la presentación del plato, que últimamente es en lo que más me estoy interesando en la cocina) y un guisito de pollo. Un compañero, que se llama como mi padre y me quiere tanto que me llama sobrina, me ha traido un mantecado de chocolate endulzándome la mañana. He hablado un rato por teléfono con El Guapo. Me siento feliz.

Mañana quiero ponerme mi vestido rosa de punto. Hace frío y llueve, así que me lo puedo permitir. Luego iré al aeropuerto y recogeré al Guapo. Cenaremos un crumble, beberemos un vinito y saldremos a bailar.

Qué semana tan maravillosa.

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Síndrome de locura transitoria crónica

Autorretratos

No, no desaparecí de nuevo, aunque entiendo que estéis tentados de pensarlo. Tengo una excusa.

Creo, después de tanto tiempo, que padezco una especie de síndrome de locura transitoria crónica (aunque transitoria y crónica sean antónimos, aparentemente).

Estos son mis síntomas:

  • Dificultad para conciliar el sueño, y para mantenerlo.
  • Estado de elevado nerviosismo.
  • Apetito variable: o bien no puedo comer nada, o bien devoro todo lo que tenga a mano.
  • Necesidad compulsiva de comprar algo: da igual si son dos modelitos completos con sus complementos o si se trata de un simple pañuelo o un cinturón. Necesito urgentemente comprar algo monísimo de la muerte, da igual las vueltas que tenga que dar para lograrlo.
  • Afluencia de suspiros.
  • Sensación de que los minutos duran 650 segundos, o más.
  • Impulso irreprimible de ensayar gestos, posturitas y muecas ante la presencia de un espejo o cualquier superficie semejante.
  • Acicalamiento compulsivo.
  • Completo abandono de cualquier actividad no relacionada con este síndrome. Si es que estoy pensando hasta en ir al médico para solicitar la baja.

Normalmente estos síntomas los desarrollo cuando se aproxima un encuentro con El Guapo.  ¿Algún médico en la sala, que me ponga un tratamiento?

¡Feliz fin de semana a todos!

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