El diálogo de Luz de Luna que publiqué ayer os ha dado qué escribir, y a mí qué pensar.

A día de hoy, yo pienso que ambos, David y Maddie, están equivocados. Hay decisiones que no se pueden tomar a la ligera, porque sí. Pero tampoco el amor es una ciencia calculable. Uno no puede casarse así como así (eso era lo que provocó la conversación que he transcrito, un matrimonio impulsivo) porque se sienta enamoradísimo. Conozco a alguna pareja que se casó tras menos de un año de estar juntos, y creo que fue precipitado. Tampoco puede uno desensibilizar el amor. Hacer una lista de pros y contras está muy bien para aceptar un trabajo, pero no para encontrar una pareja. Cuando me enamoré del Guapo, podría haber hecho una lista enorme de pros. Por supuesto, es que estaba enamorada. Pero no era una ilusa, había un par de contras enormes que valían más que tres pros juntos. Dudé, lo confieso. Pero al final es el corazón el que manda.

Eso sí, le he dicho al Guapo mil veces -y lo tengo un poco confundido- que si me pidiera matrimonio hoy le diría que no. Quiero un futuro con él, claro está, y os aseguro que no hay nadie con más ganas que yo de fundar una familia, sería lógico que tuviese prisa. Pero creo firmemente que las relaciones se cuecen a fuego lento, y no hay que apresurarse.

A fuego lento, he dicho. Hace tiempo, El Guapo guisó para mí un arroz, el primero que hacía. Llamó a su padre, que hace unos arroces deliciosos, y le consultó la receta. Troceó las verduras, hizo el sofrito, añadió el pollo, el arroz, el agua, coció, reposó. Cuando lo comimos… sabía bien, los ingredientes eran los apropiados, el pollo bueno, el punto de sal, el justo. Pero los granos de arroz sólo sabían a arroz. “No entiendo por qué no está más sabroso, lo he hecho como me dijo mi padre”, se lamentaba El Guapo. “Lo que pasa es que no le has dado tiempo”, le dije. El fuego debe estar bajito, el sofrito debe hacerse muy despacio, el pollo dorarse poco a poco… y así cuando agregas el arroz el caldo realmente es sustancioso. Así logras que el arroz tome el sabor. La mayor parte del trabajo está antes de echar el arroz.

Me parece, hoy, que un buen matrimonio es en cierto modo como una buena paella. Hay que trabajarlo desde el principio, despacio. Y no desde el momento en que te cases. Ahí, si el sofrito no es lo bastante sabroso, poco puedes hacer. Por eso creo en los noviazgos. Es el tiempo en que preparas, despacio, los ingredientes, en que le das tiempo al guiso… para no echar el arroz demasiado pronto.