Aún a riesgo de parecer repetitiva,
espero que este post le aclare algunas cosas a Teatrera,
que tanto lo reclamaba.
La primera vez que me enamoré sucedió lejos, muy lejos de mi casa. En Inglaterra. Aún me sonrojo a veces pensando en aquellos días, en los bailes lentos en la discoteca, en aquella vez que fuimos al cine, en el restaurante francés, en los poemas tumbados en el jardín de nuestra manzana.
Recuerdo también cómo le conté cómo me gustaba, cuando estaba en Sevilla, visitar aquel rincón tan especial para mí: el monte Gurugú, en el parque de María Luisa. Ya en la distancia, le escribí mil cartas, y recibí otras tantas. Y en mi romanticismo inocente, si me pillaba en Sevilla me iba con sus cartas, papel y boli a lo alto del monte Gurugú. Una vez, incluso, vino a visitarme, y estuvimos juntos allí, en el monte Gurugú. Es por eso que en estas páginas siempre lo llamo mi asturiano del monte Gurugú.
Han pasado muchos, muchos años. Pero he de confesar que me dio un vuelco el corazón la primera vez que fui a ver al Guapo a su nueva ciudad. Su amigo, mientras caminábamos, me señaló al horizonte y me dijo: “¿Ves ahí? Es el monte Gurugú”.
Yo no sabía que existiese un monte Gurugú real que se hubiese copiado en el Parque de María Luisa. Es más, no me lo había planteado. Pero me fascinó la romántica coincidencia. Y, por fin, en este último viaje, hicimos una excursión al Gurugú.
Lo pasé realmente bien, me encantaron las vistas de la ciudad desde lo alto del monte (la foto la tomé desde mi móvil), y los bellos parajes de la región (cabo Tres Forcas). Y aquella bellísima aldea de pescadores, donde me cautivó aquel guapísimo niño de ojos verdes, que jugaba a las canicas con su hermano mientras su madre y su hermana cargaban unas pesadísimas garrafas de agua.
Pero lo que más me gustó de todo el día fue la sensación de vivir una mágica sincronía al estar pisando el Gurugú real pensando en el Gugugú creado; besando a mi amor último recordando a mi amor primero…
Tengo la sensación de que se ha cerrado un círculo.
Soy feliz, para qué voy a negarlo.